martes, 29 de noviembre de 2011

Solo en la sala

El otro día fuí al cine. A ver Tintín.
Las multisalas estaban a petar, el parking a tope de coches, la cola para conseguir una entrada era larga. La hago pacientemente y temo llegar tarde a la proyección. Al final consigo sacar un ticket.
La película es en 3D, un dato que desconocía, pero cojo unas flamantes gafas 3D y voy a toda prisa hacia la sala.
Al entrar está todo a oscuras, así que decido esperar un momento a que la vista se me acostumbre a la oscuridad y pasar entonces, para no molestar a nadie.
Cuando por fin hay algo de luz y tengo las pubilas dilatadas, entro en la sala y...
¡No hay nadie!!!!¡Ni un alma!!! ¡0 personas!!!!
Tranquilamente y como si no pasara nada, tomo asiento y me veo Tintín. Yo solo. En una sala gigantesca y pensando en lo amplio que estoy yo, mientras que los que han ido a ver la peli de vampiros adolescentes están embutidos en la sala de al lado.
Imposible ver la película sin parar de sonreir, por lo absurdo de la situación.
Es una de las ventajas de no ir a películas de estreno.

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